Manuel Campuzano Treviño
Rector de la UNITEC
“La civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe”, escribió el novelista y filósofo inglés H.G. Wells a principios del siglo XX. La frase, más vigente que nuca, invita a reflexionar sobre la importancia que tiene la actividad docente en los tiempos que estamos viviendo.
Quienes han dado clases saben que cada generación es diferente. Las innovaciones tecnológicas están modificando de manera acelerada nuestra manera de vivir, de estudiar y de aprender. Hoy tenemos acceso a la información en tiempo real, podemos leer libros que acaban de ser editados gracias a la Internet, y hacernos de nuevos conocimientos poco después de que éstos han sido generados.
Sin embargo, el mundo cambia tan vertiginosamente que tenemos que ser sumamente creativos para responder a las necesidades educativas de los estudiantes del siglo XXI, de modo que la institución universitaria no pierda su vigencia y función social.
Alumnos y profesores son los protagonistas principales del quehacer universitario. De ahí que sea tan importante para la sociedad el papel que cumplen los maestros al compartir con los estudiantes sus conocimientos y su pasión por el saber.
Actualmente hay consenso que “aprender haciendo” es una mejor pedagogía. En ese sentido el modelo de la UNITEC ha sido visionario. Desde su fundación, nuestra universidad ha dado una gran importancia a la práctica profesional y a la aplicación del conocimiento en el mundo real, lo que nos ha permitido egresar más de 125,000 profesionales que son muy apreciados por los empleadores o que han emprendido con éxito proyectos productivos.
Esto ha sido posible en gran parte gracias al esfuerzo de todos ustedes, nuestros profesores.
Los profesores de la UNITEC merecen nuestro reconocimiento porque traen al aula o al laboratorio su experiencia profesional; comparten con los estudiantes los conocimientos que durante años han adquirido a través del estudio y de la práctica; se mantienen actualizados y se preocupan por el aprendizaje de los jóvenes.
Los profesores de la UNITEC merecen nuestra felicitación sincera porque están aquí por vocación, porque les interesa trascender enseñando a otros.
Esta vocación por enseñar es nuestra arma principal para que la educación acabe ganándole la carrera a la catástrofe, garantizando así la permanencia de la civilización, como diría H.G. Wells.
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